James Watson muere a los 97 años

Su legado entre la doble hélice del ADN y la polémica

James D. Watson, biólogo molecular y galardonado con el premio Nobel por la estructura de doble hélice del ADN. Fallecido el pasado 6 de noviembre de 2025 a sus 97 años.

Su fallecimiento marca el fin de una era científica, pero también reaviva un legado dividido. Por un lado, sus contribuciones monumentales a la biología y la genética; por otro, sus controversiales declaraciones. Acciones que, por su propia responsabilidad, dañaron su imagen. Por ello, en este artículo exploramos ambas caras de la moneda: su hito científico y sus controversias.

El increíble legado

En 1953, junto a Francis Crick, Watson propuso la estructura de la doble hélice del ADN, basándose en evidencia cristalográfica de rayos X, obtenida del trabajo de Rosalind Franklin y Maurice Wilkins (sin el consentimiento de la primera).

Dicho modelo no solo ilustró cómo la información genética es almacenada y replicada, sino que sentó las bases de toda la biología molecular moderna. Por lo anterior, Watson, Crick y Wilkins recibieron el Premio Nobel de Medicina en 1962. Sin embargo, Franklin no, cuya aportación no fue reconocida hasta posterior a su fallecimiento sucedido en 1958.

Su liderazgo en Cold Spring Harbor Laboratory

Posteriormente, Watson dirigiría el laboratorio Cold Spring Harbor (CSHL) durante décadas. Transformando esta institución en un centro global de investigación, fortaleciendo bajo su dirección programas de investigación en cáncer, neurobiología y biología molecular. Finalmente, siendo también promotor de la educación en la ciencia, impulsando iniciativas educativas en genética.

Participación en el Proyecto Genoma Humano

James Watson fue uno de los primeros líderes y voces durante el Proyecto Genoma Humano del Instituto Nacional de Salud (NIH) del país vecino entre los años de 1988 y 1992. Defendió que el genoma humano era patrimonio común de la humanidad, cuestionando la privatización de la información genética mediante patentes.

Otro de sus logros fue la autoría de diferentes textos, como su libro “Molecular Biology of the Gene”. Este libro se convertiría en un estándar en la enseñanza de la biología molecular a nivel mundial. Así como textos memoriales, como “The Double Helix”, donde relata de forma personal la historia detrás de este hito laureado.

Las controversias de James Watson

Sin embargo, ningún personaje en la historia se pinta de blanco o negro. Aunque su trabajo trajo grandes aportaciones al mundo, existe la cruz de su moneda.

A lo largo de su vida, Watson expresó múltiples opiniones controversiales. Por ejemplo, en 2007 dijo al Sunday Times que estaba “inherentemente pesimista” sobre África. También cuestionando la capacidad intelectual de individuos de ascendencia africana.

La anterior, entre otras opiniones, provocaron escándalo. Muchas voces de la comunidad científica las calificaron como “peligrosas” y “sin sustento científico”. Esto le llevó en 2007 a ser empujado a renunciar como rector del CSHL, aunque no terminó ahí.

En 2019, tras reafirmar sus ideas en un documental, el laboratorio rompió formalmente vínculos con él y retiró sus títulos honorarios.

Críticas a su visión científica y al trato hacia Rosalind Franklin

Su enfoque científico fue criticado por promover un determinismo genético simplista, y por usar la ciencia para justificar prejuicios sociales. Sin mencionar que, el papel de Rosalind Franklin en el descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN fue fundamental, aunque su contribución fue subestimada durante años. Esto aunado a que, en el libro “The Double Helix”, Watson relata tensiones con Franklin. En sus memorias la cataloga como alguien con personalidad rígida y difícil, subrayándola de “poco femenina” y actitud “poco cooperativa” en el laboratorio. También afirmando que Franklin no aprovechaba adecuadamente sus datos de difracción de rayos X. Lo que ha sido interpretado por lectores como una representación egoísta o despectiva hacia Franklin.

Conclusión

El legado de Watson es, por ende, gris, una zona ambigua, donde la capacidad científica convive con profundas contradicciones morales. Por un lado, será recordado por ser un pionero en la revolución genética y por sentar las bases de la biología molecular que conocemos hoy día. Por otro, como una figura polémica, cuyas declaraciones dieron lugar a debates éticos profundos sobre la genética, desigualdad, racismo y el uso ético del conocimiento científico.


Sus posturas pusieron en evidencia los riesgos sobre el racismo científico, obligando a cuestionar los límites del discurso que aborda las diferencias genéticas, así como la responsabilidad social de las doctrinas científicas y todo conocimiento con capacidad de impacto público. Lo que, a su vez, ilustra cómo un individuo con altas capacidades intelectuales puede combinar la inteligencia con prejuicios personales. Demostrando también que el talento intelectual no inmuniza contra prejuicios y que la “brillantez” puede coexistir con visiones profundamente problemáticas.


James Watson deja así un legado complejo: un arquitecto de la biología moderna y un pionero que transformó para siempre nuestra comprensión de la vida, pero también un personaje cuya voz generó división y controversia. Su fallecimiento no solo invita a reconocer sus aportaciones, sino a reflexionar sobre el papel ético de la ciencia y el poder de las ideas en la construcción (o división) de las sociedades. Celebramos la doble hélice, pero no podemos olvidar las fisuras que acompañaron su trayectoria.

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James Watson dejó un legado científico decisivo, pero marcado por controversias que dividieron su impacto en la biología moderna.
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